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Joaquín Armando Chacón
Fuente:
http://www.literaturainba.com/diccionarios/diccionario_more.php?id=150_0_2_75_M2
Nació en Chihuahua, Chihuahua, el 7
de febrero de 1944. Dramaturgo, narrador y poeta. Estudió actuación en la
Escuela Teatral del INBA. Ha sido profesor de literatura hispanoamericana
contemporánea; jefe de redacción de México en el Arte y Diagonales; director de
Punto de Vida, Cultura Norte, MD en español; jefe de publicaciones del
Departamento de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM;
editor de Punto de Partida. Colaborador de Arena, Excélsior, Fractal, La Onda,
Punto de Partida, Revista de la Universidad de México y Sábado. En 1995 fue
becario del SNCA y escritor invitado de la Universidad de California, Santa Cruz
(USA). Premio Efraín Huerta de Cuento de Tampico 1982 por Los extranjeros.
Premio Tomás Valles 1987 al mérito artístico otorgado por Fomento Cultural de
Chihuahua. Premio Magda Donato 1982 por Las amarras terrestres. Primer Premio
Internacional Novedades–Diana para escritores de lengua española 1987 por El
recuento de los daños. En torno a su obra, la UNAM publicó en 1994: Sueños,
Recuerdo, Memoria. La metaficción en las novelas de Joaquín-Armando Chacón del
autor Dale J. Pratt. OBRA PUBLICADA: Antología: Reencuentros (una antología
personal), SOGEM/IPN, 1997. || Cuento: Los extranjeros, Gob. del Edo. de
Tamaulipas, 1983. || Elodie o las puertas del sueño, Aldus/CONACULTA, 2005. ||
Ensayo: Ernest Hemingway. La labor de un hombre, CONACULTA, 2002. || Antes del
ayer. ICHICULT, 2005. || Novela: Los largos días, Joaquín Mortiz, Narrativa
Hispánica, 1973. || Las amarras terrestres, Ediciones del Norte, New Hampshire
(USA), 1982. || El recuento de los daños, Diana, 1987. || El hombre equivocado
(colectiva), Joaquín Mortiz, Nueva Narrativa Hispánica, 1988. || La casa en la
calle de Tolstoi, UNAM/Corunda, De Cuerpo Entero, 1992. || El lugar oscuro,
Signos, Uruguay, 1992. || Poesía: A la orilla de sí, IMC, Cuadernos de Malinalco,
1994. || Santa Cruz, California y otras imágenes, UAM–Casa del Tiempo, 1997. ||
Imágenes y nostalgias, ISSSTE, 1998. || Teatro: Hijo del hombre, UAEM, 1983.
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La novela, el salto al vacío
Reyes Martínez Torrijos
http://www.literaturainba.com/diccionarios/notas_more.php?id=A2293_0_4_0_M
Joaquín Armando Chacón nació en
Chihuahua, Chihuahua, el 7 de febrero de 1944. Es dramaturgo, narrador y poeta.
Es un escritor que hace uso de su experiencia para su creación literaria: su
desértica tierra natal, que condiciona sus temas por oposición (el mar, por
ejemplo), la reflexión por su labor artística, sus nostalgias, su estancia en la
ciudad de Cuernavaca; de ellas obtiene el material para su obra.
El autor asegura: “La literatura no es inocente. Va contra las reglas de lo
establecido porque a través de ella se puede ver otro mundo y, en este sentido,
los sueños son la literatura.”
Su interés por la literatura es temprano: “Yo entro a la literatura por medio de
la enfermedad. A los ocho o nueve años me enfermé de tifoidea, estuve recluido
algunos meses. Entonces, como niño, me empecé a aburrir y comencé a leer en la
biblioteca de mi papá y de mi hermano a Hemingway, a Faulkner, a una edad muy
precoz (recuerdo haber leído Santuario, de Faulkner, a los diez años. Creo que
ahí nace mi interés por escribir…”.
A los 16 años llegó a la Ciudad de México con la idea de convertirse en actor;
ahí estudió en la escuela de teatro del INBA. “La actuación era un ambiente. Con
Sergio Magaña comienzo a leer de otra manera, descubro fondos, estilos, paso por
la literatura española y los clásicos griegos y con Luisa Josefina Hernández
curso análisis de textos. Mi interés se inclinó poco a poco a la obra escrita,
más que a la actuación”, asegura Joaquín Armando Chacón.
Escribía cuentos desde el tiempo en que vivió en su ciudad natal. Chihuahua,
sobre carreras de caballos, jugadores de tenis, por su afición al deporte, en
especial el ciclismo y el boxeo. Ya en la ciudad de México, siguió escribiendo,
ahora con temas de la capital. A excepción de El silencio, publicado en Letras
de ayer y hoy, a cargo de Jesús Arellano, no publicó nada.
Luego de dos años en la escuela de teatro del INBA, la abandonó en 1963. En ese
entonces vivía de su trabajo como contador privado, "carrera que cursé a la par
de la secundaria en el Colegio Progreso, de mi tierra natal, además de unos
cursos sobre dibujo. Como no sabía nada quería conocerlo todo. La pintura, el
dibujo, la actuación, la literatura, y además había que trabajar".
Ese mismo año, Emilio Carballido le pide una sinopsis y una escena de una obra
de teatro; Joaquín Armando Chacón le entregó la obra Dos meridianos a la misma
hora, puesta hasta 1969, que resulta finalista del Premio Tirso de Molina en el
año 1975. Más tarde, llevó Hijo del hombre, escrita entre 1964 y 1965, a Ignacio
López Tarso, quien le puso una condición: escribir otra obra para escenificarla
antes que aquella. El autor señala: “Ahí se acabó el teatro... Además, ya no
pensaba escribir en ese género".
Luego incursionó en la crítica de teatro, en Siga, y en la crónica de boxeo y
notas de cine para la misma revista. A los dos años cambió esa labor por el
cine: En el Primer Concurso de Cine Experimental realizado a mediados de los
sesenta, Joaquín Armando Chacón asistía a las conferencias, principalmente a las
de la Casa del Lago: “Ahí, por Juan García Ponce entendí a Henry Miller, y luego
me interesé en su obra y en la de (Juan Vicente) Meló. Fue mi entrada a la
literatura mexicana”
Chacón le mostró un cuento a Sergio Magaña, quien a su vez lo enseña a Sergio
Vejar. Así se filma La otra ciudad. El resultado no le agradó al incipiente
escritor.
Uno de los relatos, Los largos días, del autor se fue alargando y terminó siendo
una novela. Publicada en 1973, se trata de la “desaparición del mundo interior
de un joven, que aunque no se dice parece ser provinciano; radica en la ciudad
de México, ha pasado por varios trabajos, despierta al mundo, a la vida sexual,
a la cultura, al submundo. Un solitario que desea escribir una novela. Es, pues,
un poco autobiográfica", asegura Joaquín Armando Chacón. Esta obra obtuvo el
premio
Luego de una breve intervención en el movimiento de 1968, Chacón emigra a
Cuernavaca e ingresa al Centro Intercontinental de Documentación (CIDOC),
dirigido por Ivan Illich, donde imparte cursos de literatura mexicana para
extranjeros, y de autores de la literatura latinoamericana entonces
desconocidos, como Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y
Juan Carlos Onetti.
Sin embargo, afirma: “Yo debería ser de la generación de José Agustín y de
Gustavo Sáinz; sin embargo, publico ocho años después. Además yo no creo en
generaciones, sino en la literatura. Entonces, en lugar de estar con amigos
estoy con libros. He leído a todos los novelistas mexicanos, no creo que se me
haya escapado alguno.”
Su estancia la capital morelense le permitió ser "el escritor solitario que
tenía tiempo para escribir y que convivía con alemanes, canadienses, franceses y
sudamericanos para quienes la literatura era una condición moral y ética, y una
manera de darte sentido a la vida", recuerda.
Más tarde, el escritor se queda nuevamente solo, en compañía de su hija nacida
en 1970. Inventa a Espiridión Pantoja: “Era un personaje de un cuento de niños
que le platicaba yo a mi hija para dormirla. Inventé el nombre: le contaba
historias y le narraba de Ulises y del caballito de Troya. Cuando la gente me
preguntaba qué era lo que estaba escribiendo, les contaba esa historia de
principio a fin… Y después de contar la historia, con diálogos, unas mil veces,
hace tres años decidí empezar a escribirla y la terminé en cinco meses”; tarea
que origina Las amarras terrestres.
Esta novela ganó el Premio Magda Donato 1982 y se publicó ese año, y es, en
palabras del autor: “Es una alegoría sobre la historia de la creación artística,
creo que mis personajes son artistas todos. Es una historia, pero lo que está
contando es la historia de la literatura, es el aviso que nadie cree.” Este
libro, reconoce el autor, es su novela autobiográfica.
En 1983 publicó los libros Hijo del hombre (teatro) y Los extranjeros (cuento).
Con éste último, obtuvo el Premio Efraín Huerta de Cuento 1982.
La estancia de Joaquín Armando Chacón, entre 1969 y 1976, en Cuernavaca originó
Recuento de los daños (1987), un homenaje a José Emilio Pacheco y a Juan García
Ponce, además de “a los personajes adolescentes de novelistas como Gustavo Sáinz
y José Agustín, a los personajes de Yáñez y Vicente Leñero. No soy seguidor de
ninguno de ellos. Soy seguidor de todos". Esta novela le valió el Primer Premio
Internacional Novedades–Diana para escritores de lengua española 1987.
Cinco años después publicó De cuerpo entero, un híbrido que si bien es una
suerte de autobiografía, el mismo autor le reconoce por lo menos un 30 por
ciento de ficción. Es el relato narrado en tercera persona en el cual un
novelista, describe la dolorosa génesis de uno de sus libros y reflexiona sobre
la creación; todo aderezado con recuerdos, anécdotas y referencias a su vida
cotidiana.
En torno a su obra, la UNAM publicó en 1994: Sueños, Recuerdo, Memoria. La
metaficción en las novelas de Joaquín-Armando Chacón del autor Dale J. Pratt.
En 1997 apareció Reencuentros (una antología personal), la reunión de los tres
géneros literarios: narrativa, ensayo y poesía, hecha bajo la mirada de Joaquín
Armando Chacón.
También es autor de: la novela El lugar oscuro (1992); el libro de cuento Elodie
o las puertas del sueño (2005); los volúmenes de ensayo Ernest Hemingway. La
labor de un hombre (2002) y Antes del ayer (2005); y los de poesía, A la orilla
de sí (1994), Santa Cruz, California y otras imágenes (1997) e Imágenes y
nostalgias (1998).
Además de su labor creativa, Joaquín Armando Chacón ha sido profesor de
literatura hispanoamericana contemporánea; jefe de redacción de México en el
Arte y Diagonales; director de Punto de Vida, Cultura Norte, MD en español; jefe
de publicaciones del Departamento de Literatura de la Coordinación de Difusión
Cultural de la UNAM; editor de Punto de Partida. En 1995 fue becario del SNCA y
escritor invitado de la Universidad de California, Santa Cruz (USA).
En sus palabras
Porque el escritor de novelas siempre ha apostado al fracaso, ya que siempre ha
dado un brinco al vacío, un salto al abismo. Y esto sí es un escritor de primera
y no pretende el éxito, esa palabra ambigua y de significado extraño sino
convertir el sueño en realidad, rasgar un poquito la tela invisible del tiempo…
Y si no es un escritor de primera, su triunfo además no importará en la suma de
todas las cuentas. Porque la literatura es, simplemente, y allí caben todos los
personajes, las obsesiones, demonios, estilo, estructura, vírgenes y santos, la
carroña humana, el dolor de nuestros hermanos, nuestra conciencia social,
ternura, la fantasía de la realidad, el material de los sueños, y las
golondrinas de nuestra infancia que venían año con año al mismo nido en el
rincón de aquel cuarto que nos recia enorme.
Tenemos siempre tres temas, tres únicos temas: la vida, el amor, la muerte.
Tenemos un único personaje: el ser humano.
Con estos tres temas y este personaje el juego de las variaciones es infinito. Y
cada escritor conjuga a su manera: sus riñones, el estómago, su oficio y el uso
que le ha dado a su oficio, sus lecturas y sus observaciones, su amor y su
desprecio, le dictarán la manera de mover las piezas en el tablero en mil y mil
combinaciones posibles. Las herramientas de cada escritor son diferentes, y
aunque a veces parecen ser las mismas, después su dibujo final nos muestra que o
bien eran de distinta escala o su martillo golpeaba diez centímetros más a la
izquierda, o que el taladro se hundía más a fondo porque su espesor era más
fino, más delicado. |
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