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Manuel Talamás Camandari
Fuente: http://www.diocesisdeciudadjuarez.org/obispo4.html
Mons. Manuel Talamás Camandari
El 7 de Septiembre de 1957 tomo posesión canoníca de la Diócesis de Ciudad
Juárez.
Asistió como Padre Conciliar, a las cuatro sesiones del Concilio Ecuménico
Vaticano II entre los años 1962 a 1965.
En 1968 fue Delegado de la Conferencia del Episcopado Mexicano a la II
Conferencia General Latinoamericana en Medellín, Colombia.
En 1971 fue Delegado de la Conferencia del Episcopado Mexicano en el Sínodo
Mundial de los Obispos de Roma, que se ocupó de “El Sacerdocio Ministerial y la
justicia en el mundo”.
En 1979 fue Delegado de la Conferencia del Episcopado Mexicano a la III
Conferencia General Latinoamericana en Puebla, México.
Durante casi 9 años fue Presidente de la Comisión Episcopal Para los medios de
Comunicación Social.
El 30 de Abril de 1988 confirió la Ordenación Episcopal a su Obispo Coadjutor
Don Juan Sandoval Iñiguez (ahora Cardenal Arzobispo de Guadalajara).
Don Manuel Talamás Camandari, Nació en la Ciudad De Chihuahua el día 16 de Junio
de 1917. Sus padres: Feliz Talamas e Isabel Comandari
En 1930 ingreso al Seminario de Chihuahua y de 1936 a 1942 estudio en la
Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en donde se graduó como Licenciado en
Filosofía y Bachiller en Teología, como alumno del Pontifico Colegio Pio
latinoamericano.
Se ordeno sacerdote el día 16 de Mayo de 1943.
Fue Rector del Seminario de Chihuahua de 1945 a 1957.
Profesor de Filosofía en el Seminario durante 8 años, así como administrador de
la diócesis
Fue nombrado Obispo de Ciudad Juárez el día 21 de mayo de 1957 y recibió la
ordenación episcopal el día 8 de septiembre del mismo año.
El 16 de Junio de 1992, al cumplir los 75 años, presentó su renuncia como Obispo
de la Diócesis de Ciudad Juárez según la prescripción del Código de Derecho
Canónico en el C. 401 y 1, habiéndosele aceptado el día 11 de Julio del mismo
año.
Como Obispo emérito siguió participando en los medios de comunicación, de modo
especial en los electrónicos
Fue llamado a la Casa Eterna del Padre el día 10 de mayo a la 1:15 de la mañana
del 2005.
Su funeral fue el jueves 12 de mayo a las 12:00 del mediodía en la santa Iglesia
Catedral y la concelebración fue presidida por el Cardenal Don Juan Sandoval
Iñiguez.
Manuel Talamás Camandari
Fuente: http://www.javiercorral.org/article.php3?id_article=583
Javier Corral Jurado
www.javiercorral.org
11 de mayo de 2005.
Columna Rotafolio
* Fiel a Dios y al Pueblo.
Pilar espiritual de nuestra frontera, figura señera en muchas dimensiones de la
vida humana, Don Manuel Talamás Camandari, murió ayer, pero vivirá larga vida
entre nosotros. La muerte no extingue al hombre justo, ¡aunque así lo piense el
insensato!, perdura la grandeza del que dedicó su vida al servicio de la verdad,
del evangelio cristiano y de la justicia, del que fue fiel a Dios y al Pueblo,
tal y como reza el lema que escogió para su acción episcopal, desde el primer
minuto en que se convirtió el primer Obispo de Ciudad Juárez.
Utilizo la palabra señera para significar una aportación indiscutible de Don
Manuel Talamás en la vida de nuestra Ciudad, y del país mismo: señaló rutas y
enseñó caminos en lo moral, en lo social, en lo político, en lo religioso y en
lo espiritual. Confrontó la conciencia del hombre frente las miserias de la vida
cotidiana y puso de manifiesto las excusas con las que se rechaza las mociones
del Espíritu. Habló con claridad de la injusticia, y reclamó la justicia como la
exigencia mínima del amor. Emisario de un mandamiento muy antiguo fue “lámpara a
nuestros pies y luz a nuestros pasos”.
Filósofo, Teólogo, Escritor, Maestro, Poeta, Sacerdote y Obispo: todo ello fue
en un coagulo de Fe y Humanidad. La solidez de su formación lo hizo llamar la
atención en el Concilio Ecumenico Vaticano II. Henry Fesquet, el enviado
especial del periódico Le Monde en los debates conciliares de 1967, fijó en él
su mirada y destacó en su diario del Concilio la posición del Obispo Talamás que
sorprendía con argumentos suplementarios a favor del diaconado; “el prelado es
partidario de que los diáconos se escojan entre los fieles casados”, escribió el
reportero más atento de ese aggiornamiento eclesial.
Siempre me llamó la atención conocer sus posiciones en el Sínodo Mundial de
Obispos en 1971; en la Conferencia de Medellín en el 68, en la de Puebla en 79;
su papel relevante en esos encuentros de precisión doctrinal y proyección social
de la Iglesia; ello sólo contrastó con su sencillez. Juárez tuvo un Obispo de
grandes ligas en Monseñor Talamás, y a veces a mi me desesperaba que muchos no
lo supieran. Sin embargo, siempre concluí, que al árbol se le conoce por sus
frutos, y en la Diócesis que el fundó los hay en abundancia, y tienen cepa de su
raíz.
Conoció y propagó el papel fundamental de los medios de comunicación; a los
propietarios de ellos, a los profesionales del periodismo y a los presbíteros
les dedicó una célebre carta en la que recomendaba “abrirnos a toda clase de
entrevistas”.
Le tomé la palabra y cuando cumplió setenta años de edad, y solicitó a Roma un
coadjutor en preparación al retiro por renuncia que se impone a los prelados
cuando llegan a los setenta y cinco, le propuse una entrevista para El
Fronterizo. Salió publicada a plana completa, con un llamado en primera. Supe
que le había gustado. Me llamó por teléfono y me dijo: - Oye, Javier, fíjate que
pienso que tienes mucho futuro en el periodismo, pero no vayas a dejar la
política, también es esencial.
Es que orientó como nadie - desde sus primeras cartas pastorales, pasando por el
I sínodo diocesano de Pastoral (1976) -, con valor y decisión la participación
cívica en la construcción de la democracia; sin medias tintas ni complacencias
vergonzosas con el poder, Don Manuel Talamás Camandari denunció la simulación
política, la defraudación electoral y exigió -junto con otros prelados de su
mismo talante y algunos de ellos compañeros de formación en el seminario -, La
Coherencia Cristina en la Política.
Exponente como pocos en la excelsitud de la palabra, fue completo porque encarnó
en su vida los valores de su prédica. Pasión desgarradora en la fé, lo escuché
muchas veces dolorido por la opresión y la injusticia; y lanzar en el sermón
eucarístico las crudas verdades del evangelio, hasta sacudir a los feligreses en
cuerpo y alma. Ahora mismo lo recuerdo en el centro de la Plaza de Toros Alberto
Balderas, en una misa de Pascua: “Queridos hermanos y hermanas, yo también les
tengo que confesar, les tengo que decir, que también he sudado sangre con
Cristo, también he volteado al cielo y en ocasiones he dicho, ¡Dios mío, porque
me has abandonado!”.
La respuesta está en el Evangelio, insistió Don Manuel abriendo los brazos, y
repitiendo la oración sacerdotal con la que Cristo pidió al Padre la Unidad:
“Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean
uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”.
Un día le pregunté a Don Manuel Talamás cómo supo que lo había llamado el que
había sido enviado. Sacó un texto y me leyó un pasaje que escribió sobre el
momento en que reconoció su vocación sacerdotal: “Me lo dijo el agua cuando se
volcaba a torrentes sobre la tierra para refrescar el ambiente calcinante que
marchitaba la vida en todas sus manifestaciones, y comprendí entonces que me
querías para refrigerio de las almas agostadas por el pecado; me lo murmuró al
oído cuando, traviesa, serpenteaba en los surcos donde el agricultor - henchido
de esperanza -, escondió su tesoro, la semilla; y luego sentí que me llamabas
para hacer que germine - como el agua la simiente-, la generosidad que sembraste
en el corazón de los hombres”.
¿Puede un hombre que fue llamado por el que fue enviado, dejar de existir?.
Sobrevivirá su existencia, porque aunque su grandeza nos tocó humanamente, contó
con una inspiración que no necesariamente es de este mundo. |
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