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ARTÍCULOS DE OPINIÓN OTROS COLUMNISTAS, MÁS ARTÍCULOS JOSÉ LUIS DOMÍNGUEZ
EL POEMA GRÁFICO Por Irlanda Olave. (Traducción del inglés al español hecha por José Luis Domínguez.)
El altar es un ejemplo de poema gráfico escrito por George Herbert (1593-1633), quien llegó a ser - además de sacerdote anglicano- uno de los mejores poetas metafísicos ingleses de aquella época que escribió poesía religiosa.
Los poetas metafísicos usaban conceptos ingeniosos y frecuentemente metáforas atrevidas que enlazaban diversas ideas e imágenes. El altar pertenece a la colección de poemas titulada El templo, de entre los cuales es el más popular, quizás porque fue escrito de tal manera que su estructura fuera un reflejo de su significado, como Pope solía describirlo.
Un poema gráfico es casi siempre llamada verso figura o verso forma o caligrama. En un poema gráfico las líneas de cada estrofa están distribuidas en forma de una pirámide, de un libro, de las olas del mar, de la lluvia o cualquier cosa que lo provea de una pertinente extensión visual del sujeto del poema. Poemas con la figura de los objetos que han sido compuestos por los antiguos griegos como también por otros poetas más modernos como Guillaume Apollinaire y Dylan Thomas [1].
El altar es también un ejemplo de poema devocional en el cual el hablante ora a Dios y al mismo tiempo confiesa su incapacidad para hacer con la oración un altar:
1.- Un altar roto, Señor, soy, tu último sirviente, 2.- hecho con un corazón de granito y con lágrimas: 3.- cuyas partes son como tu mano y su estructura: 4.- Ninguna herramienta de obrero lo ha tocado antes 5.- un corazón solitario 6.- es como una piedra, 7.- menos que nada, 8.- que tu poder deshace. 9.- Por lo que cada fragmento 10-.- de mi corazón endurecido 11.- se reconoce en esta estructura 12.- al invocar tu Nombre. 13.- Para que así mi paz se pueda sostener. 14.- oh, déjame ofrecerte este sacrificio 15.- y así santificar este Altar, hasta que sea tuyo.
La primera cosa que uno nota de este poema es la forma en la cual está escrito. Las líneas del poema forman la figura de un altar. El hecho de que el hablante describa el altar como “roto”, puede implicar que su construcción es imperfecta (por humana). En la segunda línea aprendemos que el altar metafórico es realmente el corazón del poeta que ha sido construido con hormigón, granito y lágrimas, lo cual significa que su corazón de piedra ha sido roto al construir los bloques (las oraciones) para formar el altar desde donde se ora a Dios.
Después de leer la cuarta línea, se otorga al lector, la apariencia de que el poeta se está construyendo en el poema mismo.
La inclusión de la palabra piedra, en la línea seis, era una metáfora familiar para los lectores del siglo dieciocho, y se refiere al pasaje bíblico de La caída, el corazón del hombre espiritual moría endurecido como una roca. El corazón era, originalmente, concebido como un estar vivo ante la voluntad de Dios, pero a través del pecado de Adán, aquél moría. Paradójicamente, con cada piedra rota y muerta, era con lo que el poeta comenzaba a construir un altar para la adoración. El poeta ofrecía a Dios utilizar no la herramienta del obrero sino las piedras cortadas por su poder, piedras naturales que debían representar la pureza y la integridad de Dios: ellas, las piedras, tomaban la figura de Dios, no la figura del hombre que las ponía en el altar.
Únicamente la mano de Dios podía transformar al hombre, en conformidad, el poeta prometía que su altar no sería fabricado por ninguna herramienta hecha por el hombre. En Éxodo 20;25, Dios decía a Moisés cómo quería que fuera su altar aquí en la tierra: Y si me hacen un altar de piedra, no deberás construirlo con piedra labrada: porque en ella se utiliza la herramienta, y ha sido contaminada por el hombre. De la línea novena hasta la dieciséis ha cambiado ya el tono del poema, el poeta ahora es el confidente al que Dios le ha cambiado su corazón de piedra. A través de éste, él se realiza en lo que las partes de su otrora corazón duro eran todavía las mismas: Estas piedras de oración a Ti no cesarán, ahora ellas se encaminan directamente hacia un nuevo fin. Con devoción, el poeta está esperando, fielmente, a que Dios santifique el altar de su corazón.
[1] También están los textos de José Juan Tablada, mexicano, y los de Eduard Estlin Cummings, norteamericano.
Por José Luis Domínguez.
joseluispoetry@hotmail.com |
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