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Las ventanas vacías
Autor: Leonardo Meza
Jara
I
No llamamos por su nombre
a lo que vamos dejando morir
a nuestro lado.
Los actos de la historia
simplemente están ahí,
como muebles estorbosos
con los que tropezamos
de vez en cuando.
II
Hay una soledad multiplicada.
Un acabarse lento
que se amontona
entre los pliegues de los años.
Hay una pregunta
con la forma del polvo,
escondida
entre el ojo y el párpado.
¿Por qué somos
la muerte de los otros,
a estas horas exactas del adiós?
III
Esta historia maldita del presente
conjetura que no tenemos rostro,
que no tenemos ojos verdaderos.
Los seres y las cosas
frente a nosotros son fantasmas.
Y ante los ojos de esas cosas y seres,
nosotros
igual hemos de ser fantasmas.
Es el antiguo trueque
fundado en los vacíos.
IV
Aprendimos a decir:
no se nada,
afuera de la habitación
el mundo es un gatuño
que es mejor no entender.
Porque lo existente,
esa hiedra que madura
en el asfalto citadino,
puede esperar su sequedad
con la paciencia
de la muerte sabida.
V
Al borde de estos hechos
que nos duelen,
del amor gastado
a través del cristal
en que vivimos.
Hemos
de detenernos algún día
a pensar en los árboles caídos,
en las células de odio
y de silencio.
Hemos de estar
al borde de nosotros,
con las manos ya rotas,
con los labios cosidos
por el hilo delgado
de lo que pudo ser.
VI
Estar callados,
mientras las palabras y las cosas
se dicen a sí mismas,
tocadas por la luz,
envueltas por preguntas futuras
donde nosotros
hemos de ser respuestas.
VII
La distancia
entre la voz y lo nombrado.
Las fisuras de infierno
sobre la superficie de la vida.
Estas capas de quietud y desastre.
VIII
Las formas
de guardar un libro de poemas,
entre papeles de sal y desmemoria.
Igual a los vacíos que se buscan
para enterrar los días.
IX
También se pudre
al paso del tiempo
el agua tibia
que a diario
baña nuestra piel.
Se pudren los abismos
entre las soledades.