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A MI PADRE
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A MI PADRE
Autor: Mauro F. Molina Menéndez
Encorvado;
casi llegando al suelo.
De resecadas mejillas. . .
Así eras tú, mi viejo.
Sabías de muchas cosas
de épocas ya pasadas.
Conociste a todo el mundo;
y al final,
de nadie te acordabas.
Te llamaban “un sinverguenza”
cuando historietas pintadas
de rojo vivo contabas;
abochornando a las mozas
y a las más avejancadas.
Ah, pero “ eras dulce abuelito”
el momento que a tus nietos
en tus rodillas sentabas
y les contabas mil cuentos
de esos que nunca pasaban;
de esos que nunca ocurrieron.
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Porque la trama la urdía
tu picarón pensamiento
en noches que divagando
recorrías mil y un mundos
de mágicos ensueños.
Te apodaban“ beodo”
si libabas una copa
sin desear emborracharte.
Solamente por “el gusto”
de celebrar natalicios. . .
El casorio de un amigo. . .
O la llegada
de un “tal desconocido”
que tu pueblo visitara. . .
“Rabo verde” chillaba una vieja
Si lanzabas un piropo
a las chiquillas
que lucían minifalda. . .
No más porque admirabas
la nueva moda del traje. . .
que desde París llegara.
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En fin. . .
Todo de tí era malo. . .
¿Y sabes por qué ésto pasaba?
Porque eras un sesentón.
!Y a esa edad!
“Es un pecado”
olvidar que sé es viejo. . .
Y peor si tus bolsillos
tienen dos mil agujeros. . .
La cuenta de ahorros cerrada. . .
Y ni a dónde caerse muerto.
No te preocupes, mi tata.
¿Viejos? Los ventarrones,
las cascadas y los mares.
Mas sin embargo ellos siguen
con amor, besando el suelo.
Levanta hoy tu mirada . . .
Busca un rinconcito
pequeñito, allá en el cielo.
Y cuando a la distancia
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te mire y te vea lejos,
yo te prometo, mi padre:
Rezaré una plegaria
por tu descanso eterno. . .
Espérame, si estás dormido,
en tanto levanto el vuelo.
Y traeré azucenas
que cubran tu cuerpo yerto.
Dedicado con sincero amor a todos los padres del mundo, pero muy en especial
a Don Francisco Molina Mendoza, quien me dió el ser y me brindó su mano
generosa para que yo continuara el caminar por la vereda de mi destino.
Descansen en paz los muertos.
Profesor Mauro F. Molina-Menéndez
molina1117@sbcglobal.net
2009
404 E. Logan St.
Round Rock, Texas 78664 USA
Molina11117@sbcglobal.net
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LLORANDO
Autor: Mauro F. Molina Menéndez
Estoy triste, madre. Sufro mucho.
Me aqueja un pesar que me tortura. . .
¿Sabes?. . . Al despuntar cada mañana,
cuando las aves empiezan su canto,
la aurora se me hace triste y más obscura.
Estoy triste, madre. Sufro y lloro. . .
De tanto llorar, lágrimas no quedan
en mis resecos ojos que antes eran,
fontanas de una alegre primavera.
Escucha, madre, mi queja y lamento.
Yo soy aquel que palpitó en tu seno;
que los rayos del sol mis ojos vieran
desde tu tierno regazo
do no hay falsía, mentira ni veneno.
Estoy triste, madre. Me aqueja una pena. . .
Es que amo mucho. . . Y creo ser
amado. . .
Siento las caricias, mas las miro
ajenas.
Qué dulce es amar! . .
Mas no a un imposible
que huye en las noches. Y solos
nos deja.
Cómo sufro, madre, este cruel martirio!
Cómo yo quisiera tenerte a mi
vera!
Sentir que tus manos recogen el llanto
que preso me ahoga en loco delirio.
Palpar de tus manos de bellas ternezas.
Aquellas que hicieron dormirme en la cuna;
soñar en estrellas; en verdes campiñas;
en frutas y flores aromadas, tiernas;
llegar hasta el cielo y tocar la luna.
Estoy triste, madre. Moriré
cantando
la canción que inspira este mi lamento
que, en sus notas lleva ramilletes tiernos
de blancos jasmines.
De aquellos que un día. . .
De aquellos que un día, madre,
sembraste en tu huerto.
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