Textos del libro “El
último ciego en salir que apague la luz”
Editado por la Universidad Autónoma
de San Luis Potosí.
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NOCHE BRAILLE
ESCENARIO
Cuadro I:
ENTRA EL ASESINO
CUADRO II:
SE PRESENTA
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NOCHE BRAILLE
Autor: Elman Trevizo Higuera
Heme aquí.
Levantando el mentón para entonar el canto de los desvalidos y los
criminales.
Ostentando el pebetero que pone al rojo vivo la piedra de la estupidez y la
locura.
Poniendo los puntos sobre las íes,
en la tipografía de un relampagueante corazón insano, e idiota.
Con esa demente manía de escribir en los brazos tatuados de la niebla, me
palpo.
Sí. Estoy aquí.
Mi aroma evidencia el polvo vacío de mis ojos, también…
Abrupto, sin poner preludios,
entro al absurdo de los malabares inconclusos en una calle de tránsito
doble.
Circulo por el universo exento de la mala ortografía de las sirenas,
y convoco al analfabeta inbierno que estúpidamente escribe
sobre el vaho que despiden los hocicos y las bocas.
Heme aquí.
En contra de sus bestias entrando a la noche. Restituyendo el toque de
queda.
Torpe estirándome al naufragio y relieve de las avenidas.
Bostezando yo. Bostezando el viento.
Con el puño cerrado golpeando puertas,
aldabones mutilados.
Escuchando cerrojos que se cierran con un detestable chirriar de una mano
diestra.
Escuchando la música: salmodia eléctrica de monos evolutivos, que somos.
La noche es el nirvana de las prostitutas,
el fuelle que le da aliento a la hoguera,
el tronco de humo que disipa la fatiga del deseo.
Es el lugar donde el criminal atraviesa el oprobio de la oscuridad,
aprendiendo a morir junto con el número impreciso de sus víctimas.
Recordando el conmocionado y amarillento guarismo que nos atraviesa cada
madrugada,
cuando un vocero, montado en un monociclo, lanza el periódico a la puerta de
la casa,
cual si de un mensajero de la realeza se tratara.
Los periódicos ni de broma lo dicen,
pero más vidas que un gato tiene el criminal,
y siempre cae parado remordiendo un maullido certero de hombre.
Con sus venas eclípticas da vuelta en cada esquina,
jugándose como un tahúr no sólo la vida propia,
sino las de sus mártires en sentido contrario,
cual un emblema parecido a la cuerda de Ariadna,
sin querer soltarla siquiera cuando duerme y babea.
El asesino balbucea nombres inconclusos, como la prolongación de un
remordimiento.
Está aquí, en esta noche braille, la que en sus grabados lee lejanías y
recuentos,
la que con los ojos cerrados vive aniquilando los sentidos con su tacto.
Esa,
esa misma noche,
como una maloliente cloaca pudriéndolo todo está aquí.
Con su ojo perverso para los propios fantasmas
que se desinflan con el taconeo de las lupaneras,
con el deseo que sigue girando de mil maneras como un trompo infantil,
con inocencias centrifugas.
Heme aquí.
Con el mentón levantado y un espacio vacío:
Buscando de casa en casa,
de habitación en habitación al asesino.
Tirando puertas de una ciudad en ruinas.
Colgando en los garfios de mi alma un escalofrío.
Sosteniéndome aún por mi pellejo: este aparatoso traje de la supervivencia,
esta piel que es búcaro de la muerte.
Es la flor cercana a los huesos y al corazón.
Es un lugar propicio para sentir un crimen;
y de vez en cuando cometerlo con piel de gallina.
Repitiendo. Repitiendo lo irrepetible de mis actos, estoy, repitiendo,
repitiendo, estoy.
Inventando una familia y una fiel mascota: la aparente realidad de la vida.
Inventando que por todos los vericuetos busco al criminal; al asesino ciego.
Inventando, que como un caballo desbocado, me busco a mí, en plena carrera.
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ESCENARIO
Autor: Elman Trevizo Higuera
Se amotina la humedad de memorias
enlatadas por los teólogos.
Dios golpea como la lluvia o las moscas, en época paradójica y
reiterativamente lluviosa.
Siempre conduce los pasos de los actores, traza, para fijar caprichoso el
escenario.
La piel sigue abarcándonos
como tumba fortuita y divina.
Desatado el instinto sube al humeante puñal
alguien fuma con sus ojos pardos
y los gatos se vuelven vidriosos,
y nos ven,
en la delgada comisura de la eventualidad.
Alguien, y no Dios,
va a morir de cáncer.
Dios morirá cuando se canse de matarnos sobre este escenario.
Dios vendrá con los aplausos y las mentadas de madre, en el fin del mundo, o
en el término del siglo.
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© Cuadro
I: ENTRA EL ASESINO
Autor: Elman Trevizo Higuera
No miro lo que he avanzado en la
quietud de mi llegada.
Cubierto estoy del itinerario de lo novedoso.
Parpadeo.
Hermosa es la ciudad donde los que hablan no ven y los que ven dejan de
hablar.
La más feliz de las razones de la macilenta noche
es que los ciegos siguen viendo al rojo sol herido por su luz contradictoria
y diario dejan de enfrentarse al raciocinio de los sueños y las esperanzas
(no hay nada nuevo bajo el sol de los ciegos. Sólo escupitajos de tacto
volcánico
y erupciones espurias de tragedias narradas con la piel).
Veo en el espejo reflejo de nada (un extranjero).
Me recreo,
olvido esta fortificada historia del exilio:
la ceguera.
No hay cascadas de sombras donde no se cruce el agua que traigo resumida en
mí.
No olvido que agua y polvo hacen el barro que no cabe en mis ojos.
No recuerdo nada que no sea irse-volver-volver-irse-irse-volver. Irse.
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CUADRO II:
SE PRESENTA
Soy el hilo de un papalote que juega con un niño.
Aeronáutico ser que se desinfla
cual muñeca que me hace el amor todos los días.
La salvación me va quedando lejos
como aquella montaña que ni un centímetro mueve a la fe,
Soy aquel que le da cuerda a un santo que la espalda no se alcanza.
Cierro los templos
(hombre seguro),
espero que el creador venga a quitarle los cerrojos:
las vendas del milagro.
Una monja con manos de agua frotando mis pecados necesito
dejar de ser profano y aligerar mi parecido idéntico a un viejo mausoleo
declarado patrimonio de la inmunidad.
Entrar al engranaje de leyes y símbolos merezco
trilladora de cerebros en trance hipnótico.
Porque así,
como estoy,
-con la mano en el sexo de una prostituta que bendice mi miembro cada noche-
aunque no lo crean,
la salvación me va quedando
lejos.
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