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José Luis Domínguez reseña el libro La vida a tientas "LA VIDA A TIENTAS" O LA TEORIA DE LA FRAGMENTACION, DE RAÚL MANRÍQUEZ Por José Luis Domínguez
Raúl Manríquez pertenece a una generación de narradores del norte de nuestro país que se ha gestado inmediatamente después que la llamada "generación perdida". De tal suerte que sus primeros años infantiles transcurrieron entre los ecos, para ellos difusos, de la subversión estudiantil del 68 y del 72 que estaban siendo sofocados violentamente por el sistema de gobierno represivo de nuestro país.
La generación a la que Raúl Manríquez pertenece ha sido conocida por algunos estudiosos de la sociología cultural como la "generación cínica" por su espíritu abierto, desconfiado, siempre alerta, por su desfachatez, atenta a los acontecimientos que habrá de vivir, trátese éstos no sólo de una ruptura con el mundo, sino también de una disminución casi simultánea de la conciencia de pertenencia, de identidad propia y de valores humanos; en suma de una fragmentación que le ha sido impuesta por el sistema y contra la cual habrán de luchar tomando una postura críticamente lúcida, tema mismo -el de la fragmentación- que habré de retomar líneas más adelante.
Raúl Manríquez se añade así, a una lista de nombres de autores del norte de México como el de Daniel Sada, David Toscana, Jesús Gardea, Elmer Mendoza, Juan José Rodríguez, Eduardo Antonio Parra, Severino Salazar, Luis Humberto Crosthwaite, Hugo Valdez, Alfredo Espinosa, entre otros, cuya primera característica que los emparenta es la de haber comenzado sus carreras literarias publicando sus libros y cuadernillos desde un ámbito meramente local. Una segunda característica, y quizás la más importante, es que aún establecidos en su terruño, continúan desarrollando una carrera literaria cuya obra cada vez es más sólida, la cual ha trascendido ya las barreras de la burocracia cultural estatal, filtrándose, con mucho éxito, en el quehacer literario nacional, venciendo así, merced de su talento y perseverancia, las barreras que el centralismo cultural defeño siempre había interpuesto entre dicha instancia y los escritores llamados, equivocada y despectivamente, de tierra adentro o de provincia.
Sin olvidar que fue Jesús Gardea (q.e.p.d) uno de los pioneros en materia de publicaciones en editoriales de prestigio nacional e internacional haciendo obra desde su terruño, pero que desdeñó hasta cierto punto los concursos estatales; ni a Alfredo Espinosa, quien también ha publicado su novela "Obra negra" en Ediciones Castillo de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, cabe mencionar que "La vida a tientas", de Raúl Manríquez, también ha sido escrita desde la región de tierra adentro. Además, ha sido la segunda novela ganadora del "Premio Chihuahua" que ha conseguido ser publicada por una editorial de prestigio internacional como lo es Plaza y Janés. Ya Willivaldo Delgadillo había sentado un precedente en 1997, al publicar bajo el mismo sello "La virgen del barrio árabe". Estos eventos, por sí solos, hacen que el panorama sea motivante y esperanzador para las nuevas generaciones de narradores que ya se perfilan en nuestro estado.
La formación de narrador que respalda la calidad de Raúl Manríquez está compuesta por varios factores que le dan una solidez y una objetividad humanística a sus textos, algunos de ellos son: una infancia dichosa en las provincianas calles de Cuauhtémoc, descubriendo por su cuenta y riesgo las novelas de Emilio Salgari, las aventuras de Mark Twain, las obras de Julio Verne, el lirismo de las "Rosas de la infancia", a Gustavo Adolfo Bécquer, sus “Rimas y leyendas”, "Azul" de Rubén Darío; participando activamente en la conversación sostenida durante los continuos viajes de fin de semana o de vacaciones que realizaba en compañía de su padre, un hombre honesto, sencillo y laborioso que conducía un camión que transportaba combustible desde su terruño hasta la ciudad capital y viceversa; la admiración profunda hacia la obra literaria de un gran hombre llamado José Fuentes Mares y cuya influencia sobre este joven escritor se trasluce en el estilo fontemarino de puntuar y cerrar con fuerza cada uno de los párrafos; la experiencia solitaria y apasionada de escribir las primeras líneas de una novela mal pergeñada en las aulas del bachillerato; su primer concurso de cuento ganado por aquel entonces; las barricadas erigidas por sus ideales de estudiante universitario contra un sistema educativo que amenazaba en erigirse en una monarquía, ostentándose falsamente en democracia; sus vivencias en la sierra en su primer año de servicio para titularse como ingeniero fruticultor; su economía verbal, ergo, párrafos concisos, y por lo tanto, muy veloces, imágenes fulgurantes, una musicalidad digna de un poeta cuyo oído coincide con el del gran narrador; remates contundentes que cierran cada uno de sus capítulos, entre otros recursos, todos ellos aprendidos en sus lecturas y en su paso por algunos talleres literarios, en los diplomados de literatura tomados en el extranjero, y eso sí, imaginación y oficio, sobre todo, mucho oficio.
"La vida a tientas" de Raúl Manríquez, es una novela existencialista. En ella, el protagonista, un profesor de historia llamado José Moreno, arrastrado por las circunstancias, se ve de pronto inmiscuido en un extraño proyecto que dirige Ignacio Caamal, un indígena maya, en el que las etnias son contempladas como una fuerte posibilidad de formar una coalición que, eventualmente, amenazan con recuperar, mediante un movimiento armado, el poder político y prehispánico de nuestro país. Dicho "proyecto" no está exento de un matiz sacerdotal. Matiz ceremonial que, aunque de manera muy tenue, se emparenta con la novela del inglés D. H. Lawrence, titulada "La serpiente emplumada". En ambas novelas confluye ese deseo de que los indígenas recuperen en su totalidad o en parte, respectivamente, lo mucho que han perdido en manos de los blancos y de los mestizos. Y aunque "La vida a tientas" no ahonde ni conlleve una propuesta histórica sobre la teoría del regreso de Quetzalcóatl, si guarda esos mismos matices, tales como la preocupación por el entorno ecológico, la vuelta a las tradiciones y costumbres de los pueblos antiguos, por ejemplo, que la acercan a esta obra del escritor inglés.
La trama de “La vida a tientas” transcurre, en su mayoría, en algunos puntos geográficos clave, como la vieja misión de Sisoguichi, el ejido Largo del municipio de Madera, el rancho "Los moscos" y en una especie de pueblo ficticio llamado Maulas que pudiera ser, asimismo, representativo de todos los pueblos de la sierra tarahumara. Salvo las incursiones del simpatiquísimo “Luis el diablo” a la frontera norte y la del protagonista a Europa, precisamente es en ese ambiente idílico del bosque, en el que la memoria, el sueño y la realidad de José Moreno habrán de fundar y fundir los hilos discursivos de la historia.
Los motivos e imágenes recurrentes en esta primera novela de Raúl Manríquez -aparte de los ya mencionados, son los claros símbolos de la inmaterialidad, de la intangibilidad- ya sean éstos de índole arquitectónica o dramática, y funcionan perfectamente como una alegoría de la fragmentación: unas vías que ya nunca habrán de sentir el peso del el paso de algún tren que ha sido ya descontinuado y que puede verse como un emblema de una ruptura con el mundo antiguo; la planta que se deja de regar en el sueño del protagonista como indicativo de que nuestras raíces históricas y culturales se han ido marchitando; la fragilidad de los líderes del "proyecto" como un claro ejemplo de la desaparición de los modelos que toda sociedad debería conservar para mantenerse viva y sana; el bosque devastado por la voracidad comercial como una muestra de la brutal violación de los valores morales y espirituales en los que hasta hace poco, se fincaban las generaciones que nos han precedido; la fatalidad y el suicidio, entre muchos otros elementos que no son otra cosa que señales alarmantes de una sociedad que se desmorona. En “La vida a tientas” se da lo que yo llamo desarraigo que peretenece a “la teoría de la fragmentación” y los diversos modos de abordarla la proporcionan algunos de los libros publicados por los narradores chihuahuenses. Por poner ejemplos, lo que es inmoralidad y utopía como tema en la trama novelística de Alfredo Espinosa, es inmaterialidad o disolución en la prosa de Willivaldo Delgadillo, y es desarraigo en "La vida a tientas", de Raúl Manríquez.
Aparte del lenguaje, de la concisión y de las ricas imágenes que se encuentran en "La vida a tientas", otra característica fundamental que hace apasionante la lectura de esta novela es su fuerte inclinación hacia uno de los modos de imitación poética o mímesis según el concepto aristotélico, que es el narrativo o de resumen, auxiliado fuertemente por la descripción. Hay, por supuesto personajes, como Luis el diablo, o Narcedalia, por mencionar algunos, y escenas, como la del zurcido de la boca del abuelo muerto, realizado por el nieto-protagonista, la fuga del padre Estévez, o el final onírico y maravilloso de la novela, por ejemplo, que serán entrañables para el lector. No en balde su primera edición de tres mil ejemplares, a pocos meses de su publicación, relativamente hablando, consiguió agotarse, por lo que sería muy bueno ir pensando en una posible tan necesaria reedición. Enhorabuena por todos nosotros, sus lectores.
José Luis Domínguez. |
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